LA CASONA

De Estancia Fuente de Alegría.



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LEYENDAS Y REALIDADES

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La historia humana de la estancia La Elena llega a los días de hoy, imbuida de un halo misterioso que solo los viejos protagonistas podrían esclarecer, abriendo un hermetismo de ciertas leyendas vinculadas al lugar.

Pero ellos no están para contarlo. De modo que recuperaremos aquello que consta en los registros municipales y también lo que el susurro popular fijó en retazos, muy selectivamente, gracias a su atrapante combinación de romanticismo y prejuicio.
Probablemente lo último que tienda a perderse en la tradición oral sea el perfume de lo secreto, lo prohibido, lo extraño. De lo que no quedan dudas es que éste es un sitio de luz propia -más allá de los avatares escritos por cada época-, valioso en sí mismo por una energía natural que lo libera de toda sospecha y conjetura. Por eso, tal vez, su visible explosión de vida merezca cifrarse en una fuente, símbolo de materia inasible que continúa transcurriendo.

Poco y nada se sabe de los primeros propietarios, quienes, siguiendo las tendencias arquitectónicas de las casas aristocráticas rurales, levantaron la imponente casona de un sobrio estilo inglés, en las últimas décadas del siglo XIX.
Su belleza esté marcada por líneas elegantes discretas que contrastan con el estilo recargado que la fiebre europeizante de aquellos tiempos aplicaba a las residencias de lujo, con el propósito de exhibir el prestigio de sus dueños.

Recorriendo el parque que circunda a la casa principal, cierto detalle dispara un viaje al pasado: se trata de una edificación desplegada en ángulo recto, demarcando el espacio de los carruajes. en este sitio estacionaban sus vehículos de tracción a sangre dueños y visitantes (no olvidemos que recién en 1898 Louis Renault estaba construyendo su primer automóvil y con él comenzaba a insinuarse esta industria).

La historia no oficial, la pagana, vale la pena conocerse para observar cómo esta estancia ha ido madurando mitos con el correr de los años. Relatos que, como la construcción de una metáfora, necesitan de una mínima parte real para dar lugar a supuestos y sucesos, llegando a la actualidad completamente distorsionados.
Se comenta que, a principios de 1900, la estancia fue adquirida por un caballero de apellido ilustre que trascendió en la memoria oral como Figueroa. Es imposible rastrear esta posibilidad, que no consta en papeles, porque los Figueroa han multiplicado sus ramas de descendencia en todo el país y no son pocos los que acuñan un pasado de rancia estirpe. Uno de ellos por ejemplo, hoy habita modestamente el casco de La Merced, en San Antonio de Areco, y puede contar que en su legendaria estancia de 250 años de antiguedad se alojaron Rosas y el General Paz, entre otros.

Pero este Figueroa, a quien se le adjudica La Elena, parece no haber cautivado la curiosidad más que por la existencia de una hija rebelde, poco dispuesta a casarse según las conveniencias familiares. Se dijo que el posible candidato resistido por ella sería un primo poco agraciado en todos los aspectos y que, rehusarse a este compromiso, derivó en una especie de confinamiento.
Finalmente, la joven eludió ese castigo, dedicándose a viajar por el mundo. Hay quienes sostienen, inclusive, que algunas especies vegetales que hoy mezclan su exotismo con el verdor autóctono del parque son una prueba de su paso por Oriente.
Otra versión acentúa que el leiv motiv de sus itinerarios respondería a la presencia de un amor distante.
¿Cuáanto hay de cierto y cuánto de fabulacián?. Es posible algo peculiar, trasgresor en su época, haya sucedido y -por determinadas impresiciones, sumadas a los ornamentos del tiempo y la fantasía de los lugareños- hoy constituya un relato simplemente pintoresco.

Lo cierto es que muchas de las plantas que forestan el parque tienen su añoso origen extranjero, pero en los primeros registros legales de la propiedad aparece mencionado Félix Martín y Herrera. Podría tratarse de un doctor en jurisprudencia, nacido en Argentina, en 1882. Su hijo, llamado de la misma manera, fue un reconocido abogado, heraldista, genealogista e historiador de notable prestigio, que nació y vivió en Buenos Aires y que, curiosamente, se casó con una dama cuyo apellido materno -Herreras Vegas y Pereyra Iraola- procede de familias estancieras de esta zona.
El 20 de diciembre de 1930 la estancia fue adquirida por Elena María Gómez Machado, esposa de Emilio Vivot, quien ocupó el cargo de Intendente de la ciudad en dos períodos del recién estrenado siglo XX. Dueña de miles de hectáreas y con parte de su vida radicada en Marsella, esta mujer también contó en su patrimonio la hacienda de Santa Elena, motivo por el cual suelen confundirse ambas propiedades. El 17 de octubre de 1934 La Elena pasó a manos de su sucesor, Samuel Vivot.

La siguiente historia viene acompañada de ciertos datos suficientes para dar rienda suelta a la imaginación: el 20 de mayo de 1941 compró la estancia Angel Ferrando, ejecutivo vinculado a una de las firmas más conocidas de la óptica, fundada en el país por Leopoldo Schnabl, en 1878. Décadas más tarde, la empresa adoptaróa la denominación actual según los socios que la fueron integrando. La gente, simplemente aligeró las cosas mencionando al nuevo vecino como Lutz Ferrando, tan fácil de detectar como la marca instalada.

Cuentan que este hombre dejó a su familia y se alejó de la capital buscando un lugar apartado de los rumores, para preservar su relación con una amante. La narración indica que ella estaba gravemente enferma y decidió pasar sus últimos días refugiada con su amor en la estancia. En el registro municipal solamente consta que él tenía 28 años en el momento de la adquisición y se declaró soltero.
Pero en un ringón del parque, no muy lejos de La Casona y entre los pinos, se levanta un monolito de piedra con una inscripción en números romanos: 27 de agosto de 1946. La explicación unánime es que está dedicado a ella y alude a la fecha en que murió.

Desde el 12 de septiembre de 1952 La Elena tuvo nuevos dueños. Una familia llegada de Europa se integra a la comunidad tandilense: Ellen Wiedembrug, Johannes Bernhardt y sus tres hijos, Marion, Ralph y Jorge.
Bernhardt había nacido en 1897, en Osterode, un distrito ubicado al sudeste del estado federal de Niedersachsen, Alemania.
Tuvo especial protagonismo en el Tercer Reich, residió un tiempo en Tetuán, ciudad del norte de Marruecos ubicada en las proximidades del mar Mediterráneo, y de allí pasó a la península ibérica. Sus buenas relaciones con Franco se vieron reflejadas en una propiedad de excepción que éste le obsequió. La residencia, una de las más lujosas de Denia, es conocida como Tossalet de Girona y en aquel tiempo como Tossalet de Oliver.
Indagando entre las particularidades que caracterizan a Denia, nos enteramos que esta ciudad de la comunidad valenciana, situada al norte de Alicante, tiene el privilegio de innumerables días de sol, hermosas playas, una gastronomía de excelencia derivada del mar y es uno de los municipios con más festividades en España; entre ellas, "Las Fallas" y "Los Moros y Cristianos".
Ha quedado documentado que en ese pródigo escenario, los Bernhardt pasaron un tiempo de absoluta integración con los lugareños. En un trabajo periodístico de HolgerWeber, aparecen las palabras de María, la nieta de quien hizo construir Tossalet en su día, y ella recuerda al "siempre inquieto alemán. Un vecino amigable, dispuesto y lleno de energía". Otro testimonio cuenta que "cada 28 de julio, de fiesta nacional, se comía paella en casa de los Bernhardt. Estaban todos invitado. Y su esposa Ellen también bailaba con trabajadores del campo".

Todo indica que Bernhardt podía llevar adelante sus estratégicos cambios de morada, mimetizándose en diferentes comunidades. En ningún caso se lo investigó o fue cuestionado y supo ganar buenos conceptos sobre su persona. La historia en La Elena, transcurre durante su retiro y quizás sea la etapa en que su identidad se abocó por completo a los negocios y las actividades familiares. ¿Quién iba a hurgar en el pasado de ese hombre que compartía fotos del norte africano, que gustaba de la pintura, la ópera y las navidades? Nadie preguntó más de lo prudente. Sólo después salió a la luz su faceta desconocida, aumentando su historial enigmático de la estancia.
Bernhardt murió en Alemania y la propiedad fue adquirida por Moisés Anan. Luego pasó a una sociedad anónima hasta que, en 1994, fue comprada por Daniel Escudero y su esposa, Silvia Persson.

A partir del 16 de julio de 2017, con Turi Zangari y Claudia Moreno, se redimensiona este lugar procurando mantener su perfil histórico pero dotándolo de una proyección abierta hacia el intercambio con la gente.
Sucede que, así como hay quienes se atreven a cambiar el nombre de los barcos, también quienes deciden dar vuelta la página de una estancia.
Esa nueva bisagra se llama Estancia Fuente de Alegr&icute;a.

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Estancia Fuente de Alegría
Paraje La Elena
Tandil - Prov. de Buenos Aires

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Email: info@fuentedealegria.com.ar
Tel.: 0249-154 504 926 / 011-155 859 6757

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Lat.: -37.341706(37º20´30.14"S)
Long.:-59.175505(59º10´31.82"W)